Un plan de preparación para el esquí de 8 semanas no tiene que ser heroico. Tiene que poder cumplirse cuando se acumula el trabajo, aparece un viaje en mitad del bloque y el martes notas las piernas pesadas.
El plan más exigente rara vez es el mejor. Un buen plan desarrolla una capacidad real y te lleva al viaje sin que llegues agotado de antemano.
Semanas 1 y 2: coger ritmo
Empieza por sesiones que puedas repetir sin temerlas: algo de fuerza del tren inferior, un poco de movilidad, resistencia suave y ejercicios sencillos de equilibrio. Así coges ritmo y descubres qué tolera de verdad tu cuerpo.
Si al principio tienes pocos datos, sé prudente durante esta fase. Después de unas semanas de entrenamiento real habrá más información con la que trabajar.
Semanas 3 a 6: entrenar de forma más específica
En esta fase trabajas el control excéntrico de las piernas, la estabilidad sobre una pierna, un tronco capaz de resistir la rotación y la técnica cuando aparece la fatiga. Puedes subir la intensidad de las sesiones, pero no conviertas la mayoría de los días en un examen.
Aquí se nota el valor de alternar la carga. Un día de fuerza y otro de recuperación cumplen funciones distintas. Colocar sesiones duras al azar cuesta más de lo que aporta.
Semanas 7 y 8: llegar fresco
El tramo final sirve para afinar, no para machacarte. Mantén la fuerza y el acondicionamiento que te sirven, reduce la fatiga innecesaria y cuida el sueño.
SlopeReady puede reorganizar la semana según tu estado de preparación, las sesiones que te hayas saltado y las señales que tu Apple Watch ya recoge.